Afasia es un trastorno adquirido del lenguaje que puede aparecer después de un daño cerebral, a menudo tras un ictus. Puede afectar en distinto grado a la capacidad de hablar, comprender el lenguaje, leer y escribir.
La dificultad para encontrar palabras o comprender una frase no debe interpretarse automáticamente como una disminución de la capacidad intelectual. Por tanto, es importante dirigirse a la persona como a un adulto, con respeto, sin utilizar un tono infantil o excesivamente simplificado.
Las estrategias más eficaces pueden variar mucho de una persona a otra. Un logopeda puede identificar métodos de comunicación adaptados a las características específicas de la afasia y sugerir cómo pueden aplicarlos familiares y cuidadores en la vida cotidiana.
Es útil utilizar frases relativamente cortas y tratar una sola información cada vez. Esto no significa hablar de forma infantil, sino reducir la complejidad lingüística cuando sea necesario.
Las palabras más importantes pueden enfatizarse con el tono de voz o acompañarse de un gesto, una palabra escrita o una imagen.
Si un mensaje no se entiende, puede ser más útil reformularlo utilizando palabras diferentes que repetirlo muchas veces exactamente de la misma manera.
La afasia afecta principalmente al procesamiento y uso del lenguaje. Hablar más alto no facilita necesariamente la comprensión, salvo que también exista un problema auditivo.
Es preferible hablar despacio pero de forma natural, mantener el contacto visual y asegurarse de tener la atención de la persona antes de iniciar un nuevo tema.
Una persona con afasia puede saber exactamente lo que quiere decir, pero necesitar más tiempo para recuperar una palabra o construir la frase.
Terminar continuamente las frases por la persona puede aumentar la frustración y reducir su capacidad de participar activamente en la conversación. En general es mejor esperar unos segundos más y ver si la persona quiere ayuda.
Si la dificultad persiste, puedes preguntar: «¿Quieres que te ayude a encontrar la palabra?» u ofrecer algunas alternativas.
Comunicar no significa necesariamente hablar. Cuando una palabra no aparece, la persona puede seguir transmitiendo el mensaje mediante:
El objetivo principal es entenderse mutuamente, no necesariamente producir una frase gramaticalmente perfecta.
Cuando resulta difícil formular una respuesta completa, puede ayudar empezar con preguntas que puedan responderse con sí o no.
Por ejemplo, en lugar de preguntar:
«¿Qué te gustaría beber?»
puedes empezar con:
«¿Quieres beber algo?»
y después ir reduciendo las opciones.
Otra estrategia consiste en ofrecer dos opciones concretas, mostrando si es posible los objetos o escribiendo las palabras:
«¿Prefieres agua o zumo?»
Cuando la respuesta sea importante, especialmente para decisiones personales o sanitarias, conviene comprobar que la elección se ha entendido realmente y no interpretar automáticamente una única respuesta como definitiva si existe alguna duda.
Si es posible, apaga o baja el volumen del televisor y la radio, evita varias conversaciones al mismo tiempo y elige un entorno tranquilo.
Ver el rostro, los gestos y las expresiones de la otra persona aporta información adicional que puede ayudar a comprender el mensaje.
Siempre que sea posible, las conversaciones importantes deben tener lugar en momentos en los que no sea necesario responder rápidamente.
Cuando el tema sea importante, puede resultar útil repetir brevemente lo que crees haber entendido:
«Me estás diciendo que quieres salir después de comer, ¿verdad?»
Esto permite a la persona confirmar o corregir la interpretación.
Si el mensaje no está claro, es mejor decirlo con naturalidad y probar otra estrategia: pedir a la persona que señale, dibuje, escriba una palabra clave o muestre el objeto del que se está hablando.
Corregir continuamente errores gramaticales o de pronunciación puede aportar poco cuando el significado general ya está claro.
Algunas conversaciones pueden resultar muy agotadoras. Si la persona está cansada o frustrada, puede ser útil hacer una pausa y volver al tema más tarde.
Esto no significa abandonar el tema, sino elegir un momento en el que la comunicación pueda ser más fácil.
Familiares, amigos y cuidadores pueden desempeñar un papel importante creando oportunidades reales de comunicación: hablar de lo ocurrido durante el día, comentar fotografías, elegir juntos una actividad, leer textos breves o utilizar imágenes y objetos como apoyo a la conversación.
Es útil seguir dirigiéndose directamente a la persona con afasia e implicarla en las decisiones que le afectan, adaptando el lenguaje y las herramientas de comunicación cuando sea necesario.
Un logopeda puede sugerir estrategias personalizadas e indicar qué actividades son más adecuadas en función de las capacidades restantes y los objetivos del tratamiento.
Facilita, no sustituyas.
La ayuda debe facilitar que la persona exprese lo que quiere comunicar, sin ocupar automáticamente su lugar en la conversación.
Las fotografías, imágenes, palabras escritas y ejercicios sencillos de asociación también pueden utilizarse como punto de partida para conversar. En algunos programas de rehabilitación también se utilizan aplicaciones y programas informáticos para practicar capacidades lingüísticas específicas.
PowerAFA incluye ejercicios de denominación, comprensión, asociación, producción verbal y escrita y otras actividades que pueden utilizarse dentro de la rehabilitación de la afasia. El software es una herramienta de apoyo y no sustituye la evaluación ni el tratamiento proporcionados por un profesional sanitario.
Utiliza un tono natural, frases cortas y claras cuando sea necesario, un concepto cada vez y deja tiempo suficiente para comprender y responder.
No, salvo que también exista una discapacidad auditiva. La afasia es un trastorno del lenguaje, no un problema relacionado con el volumen de la voz.
Pueden ser útiles cuando resulta difícil formular respuestas complejas. Ofrecer dos alternativas también puede facilitar una elección.
En general, es preferible esperar y dar a la persona la oportunidad de terminar. Se puede ofrecer una sugerencia cuando la solicite o cuando esté claro que la desea.
Sí. Los gestos, dibujos, fotografías, palabras escritas y objetos pueden complementar el lenguaje oral y facilitar tanto la comprensión como la expresión.
No. La afasia puede presentarse de formas muy diferentes. Las estrategias deben adaptarse a las características de cada persona, preferiblemente con la orientación de un logopeda.
La información proporcionada tiene fines educativos y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento proporcionados por profesionales sanitarios.